El oasis acústico de Apoquindo: Fuimos al CA660 de Fundación CorpArtes

El oasis acústico de Apoquindo: Fuimos al CA660 de Fundación CorpArtes

Fotos: Diego Ignacio Ramírez

Hay lugares donde la visita comienza mucho antes de sentarse en una butaca. En el Centro Cultural CA660 de Fundación CorpArtes, la experiencia parte desde que uno deja atrás el ruido de Apoquindo y entra en su particular edificio.

Una pausa entre rascacielos: La llegada al CA660

Entre torres de oficinas y edificios de vidrio, llegamos al acceso del centro cultural, que se sintió casi como un descanso visual en medio de tanto edificio y oficinista apurado por llegar a su casa. Desde ahí caminamos por un sendero de luces hasta llegar directamente a la boletería.

Ya habiendo mostrado nuestras entradas, un ascensor nos llevó hasta el nivel donde esa noche veríamos el recital del pianista David Greilsammer, reconocido, entre otras cosas, por haber realizado la hazaña de interpretar todas las sonatas para piano de Mozart en un solo día.

Una propuesta bien resuelta: diseño minimalista que destaca el arte

Pero antes de entrar a la sala nos reunimos con José Tomás Palma, director general del CA660 y de Fundación CorpArtes, para entender un poco mejor qué hace que este espacio sea tan distinto.

"Buscamos ampliar el alcance del público pero siempre desde un arco coherente del teatro, la música y otras manifestaciones artísticas. Queremos generar una experiencia multisensorial para quienes ingresan al CA660, a través de obras y exposiciones que no son invasivas las unas con las otras", nos explicó.

Y basta caminar unos minutos para comprobarlo. Apenas salimos del ascensor nos topamos con distintas obras de arte, exposiciones temporales y piezas permanentes de la colección, donde conviven nombres como Guayasamín y Matta. Además, agradecimos que la infraestructura moderna y la iluminación no interrumpieran el protagonismo de las obras, algo que no siempre ocurre en otros centros de arte.

"A diferencia de la mayoría de los espacios culturales, CA660 fue pensado, diseñado y construido para que fuera un lugar para el arte. Al mismo tiempo, todo confluye a través de una estructura minimalista para que el espacio no contamine la experiencia."

David Greilsammer en escena: Entre Mozart, Glass y las artes visuales

Cuando sonó el timbre que anunciaba el comienzo de la función, entramos a la sala. El primer detalle que agradecimos fueron los asientos acolchados. Puede parecer un comentario poco sofisticado, pero cualquiera que haya sobrevivido dos horas en una butaca de plástico sabe que la comodidad también forma parte de la experiencia cultural. La calefacción hizo el resto: mientras el público se acomodaba, los abrigos comenzaron a desprenderse uno por uno.

Cinco minutos después se apagaron las luces y apareció David Greilsammer. Antes de sentarse frente al piano explicó que lo que veríamos no sería un recital tradicional, sino un recorrido que uniría música e imágenes. Una experiencia que mezclaría 300 años de música, con piezas seleccionadas de Mozart y Philip Glass, y visuales que harían que todo se sintiera todavía más inmersivo.

"Es una forma de unir dos públicos que muchas veces no se encontraban: quienes buscan experiencias nuevas y quienes disfrutan los ritos clásicos de una noche de piano", dijo Palma.

Y funcionó. Durante poco más de una hora, el concierto se sintió menos como una sucesión de obras y más como una experiencia continua, interrumpida únicamente por el mismo artista, quien iba botando a los lados del taburete las hojas de partitura. Un pequeño detalle que, por alguna razón, también nos tuvo bastante entretenidos.

Luego de escuchar Gymnopédie No. 1, del compositor francés Érik Satie, la última canción de la noche y un regalo por parte del músico luego de tantos aplausos, nos levantamos de nuestros asientos y aprovechamos de recorrer la sala con una misión especial: intentar encontrar ese lugar donde "no se ve bien". Pero —afortunadamente— no lo encontramos. De hecho, la visibilidad es sorprendentemente buena desde distintos niveles y la arquitectura moderna ayuda a que el escenario siempre mantenga presencia.

"Una de las cosas más importantes fue crear una acústica natural que brillara independientemente de la obra o el montaje. La sala, los materiales, las formas y toda la estructura fueron trabajados para acompañar el arte."

Dato Bazar ED Edit: Si pudiéramos recomendar una ubicación, elegiríamos los palcos. Las butacas giratorias son excepcionalmente modernas y la sensación de cercanía con el escenario hace que la experiencia sea todavía más envolvente.

El difícil arte de elegir: Programación familiar y formación de nuevas audiencias

De regreso hacia la salida volvimos a encontrarnos con más obras de arte y nos detuvimos frente a la cartelera de los próximos meses. Ahí apareció otra de las ideas que más nos quedó dando vueltas: el esfuerzo por construir una programación donde distintos públicos realmente puedan convivir.

"Nuestra meta es que este espacio incluya a todas las personas, y eso también considera a los más pequeños. Por eso tenemos obras que enseñan a disfrutar la ópera o a descubrir instrumentos que luego podrán ver en grandes conciertos sinfónicos, pero desde formatos dinámicos e intuitivos."

También hay espectáculos pensados para niños y adultos al mismo tiempo, con música que apela a la nostalgia y propuestas que pueden generar conversación entre generaciones. La idea, según Palma, es que el CA660 sea "un punto de encuentro" y que esa programación también permita formar nuevas audiencias, especialmente entre quienes han crecido frente a las pantallas.

Antes de despedirnos le preguntamos qué espera personalmente que se lleven quienes salen de una función. Y su respuesta nos tomó por sorpresa:

"Yo tengo un ritual. Siempre me pongo al final del teatro y, cuando termina el espectáculo, camino entre el público para escuchar qué comentan. Me gusta cuando salen emocionados o conversando sobre lo que acaban de vivir."

Nos hizo sentido. Al final, nosotros hicimos algo bastante parecido: salimos hablando de lo que nos había parecido el concierto, comentando la decoración (obviamente) e incluso pensando a quién invitaremos la próxima vez.

 

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