Llegamos temprano a la entrada del Teatro Municipal, en pleno centro de Santiago, para experimentar de primera mano el tour privado que ofrece el lugar. Y aunque no sabíamos muy bien qué esperar, bastó cruzar la puerta para entender que las sorpresas no tardarían en llegar.
Un recorrido a la medida
Lo primero que descubrimos es que este tour privado se caracteriza por no ser rígido, ya que cada grupo puede acordar previamente con el guía el área que le interesa conocer, como la arquitectura, el vestuario o la escenografía, haciendo cada experiencia única.
En nuestro caso, queríamos entender mejor la historia del teatro y su infraestructura, por lo que nos explicaron que junto a la entrada se encontraban las musas originales que sobrevivieron al incendio de 1870.
Después de ingresar al teatro, nos dirigimos al Salón de las Señoritas, también conocido como "la capilla". No hizo falta que nos explicaran el origen del nombre: bastó levantar la vista para encontrar el parecido con un espacio sacro. Desde ese salón, además, se puede acceder al palco presidencial, que se distingue fácilmente desde la platea por el escudo que luce al frente.

El gran salón (y el secreto de su lámpara)
Seguimos avanzando mientras el guía iba hilando la historia del edificio con anécdotas que hacían mucho más fácil imaginar cómo era la vida del teatro hace más de un siglo. Eso, hasta que unas pesadas cortinas rojas se interpusieron en el camino, obligándonos a detenernos y observar cómo, detrás de ellas, aparecía poco a poco la sala principal.
Sin necesidad de ponernos de acuerdo, todos reaccionamos igual: levantamos la vista hacia el enorme candelabro de cristal que colgaba sobre nuestras cabezas. Rápidamente dio paso a una conversación menos docta, pero esencial para el grupo: ¿cómo se limpia algo así? Solo después de resolver nuestra duda existencial (dos veces al año lo bajan con poleas y limpian cada cristal de forma individual) pudimos fijarnos en el mural del techo, realizado en 1873 por Ernest Kirchbach y completado por cuatro artistas romanos.
Con la sala completamente vacía, nos sentamos unos minutos a observar el teatro desde la platea. Sin público ni función, logramos fijarnos en detalles que normalmente pasan inadvertidos: la cenefa, los querubines, las lámparas, los palcos y la enorme cantidad de ornamentos de estilo rococó.
El verdadero detrás de escena
La visita continuó por espacios que normalmente no forman parte de la experiencia de quienes asisten a una función, como los talleres de vestuario y pintura, en donde recorrimos una muestra de diferentes atuendos utilizados en montajes históricos del teatro (todavía no podemos sacarnos ese vestido rosado de la cabeza).
Ya con el recorrido llegando a su fin y mientras nos dirigíamos a la salida, no pudimos dejar de comentar lo extraño que resulta encontrar, en estos tiempos, lugares que conservan tanta historia y mística. Un recorrido que ha sido un dato de boca en boca por años y que ahora te contamos para que también puedas vivirlo.
Dato Bazar ED Edit: Intenta ir al recorrido nocturno. Dependiendo de la programación, es posible acceder al escenario —muchas veces con la escenografía ya montada— y a otros espacios que durante el día están ocupados por los trabajadores del teatro.
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