Foto Portada: Archivo Copper Studio
Hay una categoría de regalo que conocemos demasiado bien: el imán del lugar, el llavero con la bandera, el cenicero que dice “Recuerdo de... ” y esa figurita que uno compra pensando que será un lindo detalle y que termina viviendo durante 15 años en el fondo de un cajón hasta que se rompe "por accidente".
Pero si queremos regalarle algo a un amigo extranjero, mandarle un pedacito de Chile a ese chileno que se fue a vivir afuera o simplemente volver de viaje con algo que no compramos en el primer puesto de recuerdos, podemos hacerlo bastante mejor.
Porque un buen souvenir no necesariamente tiene que decir CHILE en letras gigantes. También puede ser algo relacionado con nuestros paisajes, materiales, sabores y oficios, pero que tenga una vida propia una vez que cruza la frontera.
Partamos por algo simple y efectivo: Manjar
Hay regalos que requieren una explicación de cinco minutos sobre su origen, su proceso de elaboración y la importancia cultural de la pieza. Y hay manjar.
El manjar tradicional de Fundo Playa Venado se elabora artesanalmente con leche fresca de sus vacas Jersey que pastorean en el campo. Viene en formato de 500 gramos y es de esas cosas que un extranjero puede probar y entender inmediatamente por qué en Chile le ponemos manjar a prácticamente todo lo que tenga una superficie.
Es un regalo fácil para ese amigo de afuera que nunca ha visitado Chile, para llevarle a una familia que nos recibió en otro país o incluso para ese chileno que lleva demasiado tiempo lejos y necesita recordar que hay pocas cosas más reconfortantes que abrir un frasco y comerse una cucharada directamente.
Joyas para llevarse Chile puesto
Si el souvenir tiene que entrar en una maleta de mano porque no queremos terminar pagando exceso de equipaje, la joyería es una excelente idea.
El Colgante Luneta Magna de Delacons es una pieza con lapislázuli, esa piedra de intenso color azul que tiene en Chile uno de sus principales lugares de origen —junto con Afganistán— y que aquí se ha convertido en uno de nuestros materiales más reconocibles.
Y ya que tenemos un material tan particular, quizás es momento de dejar de mirarlo solamente en vitrinas y empezar a lucirlo. No todos los países pueden decir que tienen una piedra que se reconoce a kilómetros.
Y si el lapislázuli no es lo tuyo, siempre podemos recurrir a otro clásico nacional: el cobre. El Collar Alba de Copper Studio está tejido en alambre de cobre esmaltado y combinado con hilo de poliamida, formando una pieza mucho más liviana para trasladar que un bloque de cobre.
Una tabla que cuenta la historia del sur
Para ese amigo que disfruta cocinar, una tabla tallada a mano es una excelente opción. ONA Chile recoge esta antigua tradición vinculada a los oficios en madera de los bosques del sur y crea sus piezas en Liquiñe, Región de Los Ríos, donde cada una es única.
Trabajadas en madera de raulí y tratadas con aceite de linaza pura, son de esas piezas que podrían perfectamente haber estado en una cocina chilena durante generaciones. El raulí —Nothofagus alpina— es especialmente valorado para hacer fuentes, platos y utensilios, porque tiene esa mezcla de nobleza y resistencia que uno espera de cualquier objeto que vaya a sobrevivir a comidas, picoteos y “déjala ahí, después la lavo”.
Un chal que recuerda el altiplano
Pocas cosas recuerdan más a Chile que el altiplano: esa larga y vasta tierra de colores intensos, cielos enormes y un clima capaz de pasar del calor al frío en cosa de horas.
El Chal Raíz Vegetal de Purapampa está confeccionado en 100% lana de alpaca, una fibra especialmente cálida, liviana y suave, perfecta para ese clima que no termina de decidirse. Su color mostaza nace, además, de un proceso de teñido a mano con hierbas ancestrales del altiplano de Colchane, como la sipo-uma.
Así, además de llevarse un objeto bonito, quien lo reciba puede envolverse en él y, por un momento, sentir que está ahí: frente a ese paisaje inmenso, con el sol pegando fuerte y buscando algo para ponerse apenas cae la tarde.
Guantes que cuentan nuestra historia
También podemos mirar hacia las tradiciones que existían en este territorio mucho antes de que tomara el nombre de Chile. Porque sí, hubo bastante historia antes de la primera junta de gobierno.
Los Guantes Selk'Nam de Vuelvo al Sur están inspirados en las pinturas corporales que este pueblo utilizaba en Tierra del Fuego, especialmente durante la ceremonia del Hain. Cada cara tiene un diseño diferente, llevando esos trazos geométricos a una prenda que, además de tener una historia detrás, sirve para algo bastante concreto: mantener las manos calientes.
Además, son 80% lana, tienen napa interior y dedos compatibles con pantallas táctiles, así que podemos usar el celular sin sacarnos los guantes a mitad de camino.
Un mortero para llevarse un poco de cocina chilena
Si hay algo que nos gusta son esos regalos que, después de abrirlos, terminan convirtiéndose en parte de la rutina de la persona. No quedan de adorno ni necesitan una ocasión especial para ser usados: simplemente empiezan a aparecer en la cocina, en las comidas y, eventualmente, en las recetas de siempre.
Este mortero de madera de Tienda del Bosque está tallado en madera noble de los bosques del sur por artesanos del taller de oficios de Neltume. Y además de tener ese aire de objeto que perfectamente podría haber estado en la cocina de una casa chilena durante años, sirve para moler especias, preparar aliños, hacer pebre o cualquier otra cosa que requiera machacar ingredientes con un poco más de entusiasmo.
También es un buen regalo para esos chilenos que viven en el extranjero y están cansados de pasar horas descifrando cómo hacer un pebre decente con las herramientas frágiles que ofrece el mercado internacional. Porque una persona puede irse de Chile, pero Chile nunca termina de salir de la persona.
Un delantal para el amigo que siempre termina cocinando
Un delantal no se escapa tanto de la categoría del souvenir típico. El problema es que muchos están hechos de materiales que parecen especialmente inflamables o tienen diseños que uno difícilmente querría tener a la vista, mucho menos puestos encima.
Por eso nos gusta el delantal Araucaria de Garuga: recuerda inmediatamente a esos asados familiares de fin de semana, pero sin necesidad de convertir al cocinero en una valla publicitaria de Chile. Está confeccionado en algodón, tiene tirantes desmontables de cuero, dos bolsillos y una ilustración inspirada en la araucaria.
Además, tiene algo de uniforme oficial para ese personaje que todos conocemos: el que se para frente a la parrilla, se hace cargo de la carne y, de alguna manera, termina siendo el cocinero estrella de la familia. Un regalo especialmente bueno para llevarse ese pequeño ritual chileno a cualquier parte del mundo.
Al final del día, cualquier regalo se agradece. Pero hay una diferencia entre recibir algo porque había que llevar un detalle y recibir algo que se nota que alguien buscó, pensó y eligió especialmente para ti.
Y quizás esa es la gracia de estos souvenirs: que no están hechos para quedar acumulando polvo en una repisa, sino para entrar en la vida de quien los recibe. Usar el chal, cocinar con la tabla, preparar un pebre en el mortero, ponerse el delantal o abrir un frasco de manjar.
Porque al final, el mejor souvenir no es necesariamente el que dice “Recuerdo de Chile”.
Es el que hace que alguien diga: “¿Dónde conseguiste esto?”.
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