Fotos: Diego Ignacio Ramírez
Desde siempre, Valparaíso ha tenido una relación bastante cercana con la noche. Su herencia portuaria hizo que marinos, porteños y visitantes se mezclaran en horarios en que, bueno, claramente no estaban trabajando. Pero desde hace algunos años el día también empezó a ganar terreno en la ruta de la ciudad-puerto, y con eso aparecieron cafés, restaurantes y bares que hoy son parte de la visita obligada.
Sin embargo, como en Bazar ED Edit nos gusta ser un poco más selectivos respecto a dónde vamos y qué probamos, decidimos alejarnos de las paradas habituales y hacer nuestro propio recorrido. Uno que nos llevó a descubrir propuestas que se alejan de esa decoración que vemos repetida una y otra vez en Santiago, para darle paso a artistas locales, casonas antiguas remodeladas y recetas de autor.
La Escala: Galería y café en pleno barrio tradicional
Para comenzar nuestra ruta decidimos partir por abajo, en el plan y a pocas cuadras de la Plaza Sotomayor. Nuestra primera parada fue La Escala, proyecto dirigido por Jaime Blaset. Porque si vamos a recorrer Valparaíso durante todo el día, mejor partir tranquilos y no pretender que vamos a subir el cerro de un tirón.

El espacio funciona como galería y reúne obras de 65 artistas que trabajan pintura, escultura, grabado y fotografía. “Además hacemos talleres, workshops, lanzamientos en nuestro salón principal y un recital de música una vez al mes”, cuenta Blaset.
La cafetería, por su parte, combina preparaciones tradicionales con otras un poco más experimentales, como el orange coffee o el bombón, que mezcla leche condensada con espresso. También hay jugos naturales y copas de helados artesanales.

Ambos espacios están conectados por un pasillo, así que aprovechamos para hacer las dos cosas: pedir algo, tomarlo con calma y después recorrer la galería. Hay obras de artistas locales emergentes que, además, se pueden comprar y llevar en el momento.
Corriente Sur (Corr): Cerámica con olor a café
Seguimos caminando por el centro hasta llegar a Calle Esmeralda, también conocido como el barrio de los bancos. Un nombre poco glamoroso para una zona que ahora suma un proyecto bastante más entretenido: Corriente Sur (Corr), inaugurado hace apenas tres meses y gestionado por Juan Lara y Nicole Monrroy. El espacio combina café, cerámica y una sala de exposición.

Apenas entramos, nos encontramos con un local que mezcla su estructura industrial y de líneas simples con plantas, maderas y toques de color. El resultado hace que el espacio se sienta cálido y menos solemne de lo que uno podría esperar de una galería.
“La idea es que las personas puedan disfrutar de un lugar tranquilo para comer y además conocer distintos artistas nacionales especialistas en cerámica. Nuestra curatoría es muy americana, buscamos mostrar las técnicas y visión del Cono Sur. Y las personas pueden comprar las obras directamente en la sala o a través de nuestro sitio web”, explica Lara.
Pero no todo es mirar. También podemos pasar de admirar la cerámica a intentar hacerla con nuestras propias manos gracias a los talleres que ofrece Corr. “Uno es de experimentación en cerámica, dictado por Kurawe Cerámicas, que se realiza los miércoles de 10:30 a 13:30. Y los sábados yo hago taller de torno de 10:30 a 13:30”.

Una vez al mes, además, podemos volver para las sesiones de música jazz, que tienen una particularidad: se realizan mirando hacia la calle. Así, quienes pasan caminando sienten que se encontraron con un concierto por casualidad, mientras quienes están adentro terminan, literalmente, formando parte del escenario. “En esas sesiones ofrecemos además coctelería basada en café, como el espresso martini y el mocaccino con Baileys”.
La carta de la cafetería es más bien clásica, pero acá los detalles importan. El blend fue diseñado especialmente para Corr por 504 Coffee, con granos de Honduras y Colombia, mientras que las tortas llegan desde la Pastelería Techo Verde de Villa Alemana.
Y si hay que elegir, Lara tiene sus favoritos: “Recomiendo que prueben nuestros croissant y también la torta amor, carrot cake y trufa chocolate”.
Pulso: Una carta que (re)crea tradiciones
Desde ahí seguimos caminando en dirección a la Plaza Aníbal Pinto y, para ahorrarnos una buena caminata por el cerro, tomamos el ascensor Reina Victoria, que nos deja a solo pasos de nuestra siguiente parada.
Hace tres años, Mauricio Fernández abrió Bar Terapia, un proyecto que rápidamente llamó la atención por su coctelería de autor y por la manera de recuperar preparaciones e ingredientes nacionales. Una propuesta que ahora tiene una segunda parte: Pulso, restaurante que abrió recién en agosto y que ocupa el primer piso de la misma casona patrimonial donde funciona Terapia.

Aunque cada espacio tiene su propia personalidad, ambos comparten una cocina de autor honesta, que busca poner sobre la mesa —literalmente— de dónde viene cada ingrediente y cómo fue preparado. “Todos nuestros productos cuentan con un relato de dónde son traídos, y las técnicas que se utilizan para cocinarlos”.
Y parte de ese trabajo también está en mirar la historia del país, ya que en Pulso buscan recuperar preparaciones que quizás no están precisamente en tendencia en TikTok, pero que tienen una historia y que, justamente por eso, vale la pena probar. “Uno de nuestros platos estrellas es el pejerrey, que muchos clientes mayores piden porque les recuerda su infancia”. Una buena prueba de que no todo necesita ser reinventado para seguir siendo bueno.
Entre las recomendaciones está también la cazoleta porteña, un concentrado de sofrito, bisque, fondo de verdura, calamares, camarones, papas caseras, choritos y un pan ciabatta hecho en el mismo restaurante.

Y si después de comer todavía quedan ganas de seguir, bajamos por la escalera de caracol que atraviesa el centro del local para llegar a Bar Terapia, que se caracteriza por su gran barra y por la posibilidad de interactuar tanto con otros clientes como con el bartender. “Me gusta impulsar este formato, en especial porque viajo mucho solo y estoy acostumbrado a sentarme en la barra para conocer mejor a las personas locales”.
El trago más solicitado es el cola de mono, que ganó durante tres años consecutivos como el mejor de la región. “Nos interesa que toda nuestra carta tenga la mejor calidad posible, porque no importa qué tan lindo se vea un trago en la foto, lo importante son los sabores”.

Dato Bazar ED Edit: Si quieres probar algo distinto, pide el cola de mono clarificado que preparan en el local. Es mucho más fresco y ligero que la versión tradicional, perfecto para el verano.
Jardín Cervecero: Cervezas chilenas con vista a la historia
Después de bajar y volver a subir, seguimos avanzando hasta el Cerro Concepción. Ahí llegamos a Destino Valparaíso, un espacio recientemente inaugurado en el antiguo colegio Alemán que ahora alberga el Museo del Inmigrante y distintos locales boutique. Entre ellos está nuestra siguiente parada: Jardín Cervecero.

Abierto desde septiembre de 2025, el proyecto hace honor a su nombre con un amplio catálogo de cervezas artesanales chilenas. Pero no todo se trata de cerveza: también encontramos una carta de coctelería de autor que juega con sabores nacionales. Uno de ellos es el 'huesillo alegre', una reinterpretación del mote con huesillos que lleva espuma de huesillo hecha en sifón.
“Nuestra carta de comida está pensada para acompañar la cerveza y los tragos, por lo que la idea es que la gente pueda probar mucho en porciones más pequeñas. Como sándwiches, ceviches y pizzas, todas preparadas en el mismo local”, explica Francisca Sánchez.

Y si queremos seguir alargando la tarde, todos los sábados del mes hay música en vivo en el piso -1. El espacio conserva algunos resquicios de las antiguas instalaciones del colegio, algo que inevitablemente despierta la curiosidad de más de un exalumno. “De hecho, una vez entró una mujer mayor y me contó que toda su vida había querido entrar acá porque cuando estaba en el colegio era el baño de hombres, así que siempre tuvo curiosidad por saber cómo era”.
MediaLuna: Una pausa vegana frente al puerto
Seguimos nuestro recorrido hasta la esquina de calle Pilcomayo, donde aparece MediaLuna, una cafetería completamente vegana que abrió en enero de 2025. El espacio fue diseñado por el arquitecto Sebastián Villagrán y cuenta con distintos ambientes para instalarse con alguien más, llegar en grupo o simplemente sentarse a tomar un café en paz con la brisa marina.

Dentro de la carta hay varias cosas que vale la pena probar. Partimos por el dirty chai, cuyo chai se prepara en el mismo local, y seguimos con las medialunas, hechas con almendras y zest de naranja deshidratada. Para quienes prefieren lo salado, la recomendación es la mechada de setas con salsa de romesco y pimentón asado con almendras.

“Contamos con pastelería, cafetería y preparaciones saladas. También ofrecemos opciones sin trigo y pan al paso, el cual preparamos aquí mismo”, explica su fundadora, Belén Godoy.
Dato Bazar ED Edit: Si estás pensando en viajar a Valparaíso durante Fiestas Patrias, MediaLuna estará abierto y tendrá una propuesta bastante distinta a la parrilla tradicional. “Vamos a tener opciones veganas de choripán y también completos. Además ofreceremos tragos, empanadas, pastelería vegana y opciones sin trigo”.
mesapanBa: Un homenaje porteño a la buena mesa
Para cerrar nuestra ruta, seguimos por calle Papudo hasta bajar la escalera y doblar a la derecha, donde aparece mesapanBa. Un nuevo espacio dirigido por Braulio Tapia, creador de otras propuestas del puerto y que en este proyecto vuelve a poner el foco en la producción local de alimentos, especialmente en algo aparentemente tan simple pero tan difícil de hacer bien: el pan.

Con esa idea en mente, Tapia intervino una antigua casona para dejar a la vista buena parte del proceso de producción. “Para que así la gente entienda cómo se crea lo que luego se sirve en sus platos”.
Entre las recomendaciones está, obviamente, el pan y la bollería, expuesta de manera bastante tentadora en la barra central, además de los sándwiches con mostaza hecha en casa y la pichanga de pulpo. Todo servido en loza creada por la firma local Lean Studio, que también está disponible para comprar en el mismo local.

Y si estamos de suerte, algunas tardes el salón principal se transforma también en escenario para sus sesiones con DJs. Además de la música en vivo, cuentan con coctelería de autor preparada especialmente para combinar con la vibra de la ocasión.

Y hasta aquí llega nuestra ruta, aunque la verdad es que Valparaíso da para seguir por días. La invitación es a salir de las guías clásicas, probar lugares nuevos y dejar que el recorrido se arme solo: un café por aquí, una cerveza por allá, algo rico en el camino y, con suerte, enamorarse de una obra de arte.
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