¿Por qué los muebles dejaron de ser rectos? La tendencia que está suavizando los hogares

¿Por qué los muebles dejaron de ser rectos? La tendencia que está suavizando los hogares

Durante años, una idea de diseño asociada a las líneas rectas, las superficies impecables y la perfección formal ha dominado nuestra manera de entender los interiores. No sorprende entonces que muchas celebridades hayan convertido sus casas en vitrinas donde la estética parece imponerse sobre cualquier gesto de comodidad. Ahí está el caso de Kim Kardashian, quien mostró al mundo una mansión de tonos beige y blancos que recuerda a un monasterio futurista: silencioso, pulcro y casi intocable.

Algo similar ocurre con el diseñador de moda Rick Owens, cuyo departamento en París transformó la calidez de la madera y los textiles en un paisaje de piedra, cemento y superficies rígidas. Espacios que impresionan visualmente, pero que también parecen exigir cierta distancia corporal.

Para la artista e investigadora Blanca Arias, autora del libro Blandito blandito (2025), esta fascinación por lo duro no es casual. En su investigación plantea que la cultura occidental ha tendido a asociar la rigidez con el valor, el control y el éxito, mientras que lo blando suele quedar ligado a la fragilidad o la falta de carácter. Frente a eso, Arias propone mirar lo suave, lo flexible y lo vulnerable desde otro lugar: no como una debilidad, sino como una forma viva de adaptarse, contener y transformarse.

Y quizás no es extraño que hoy exista una necesidad creciente de volver a los espacios blandos. Pasamos gran parte del día sosteniendo posiciones demasiado rígidas: sentados frente al computador, en sillas poco ergonómicas o manteniendo una misma postura durante horas. Un estudio publicado en la revista científica Applied Ergonomics en 2020 reveló que solo cuatro horas continuas sentado son suficientes para aumentar significativamente la incomodidad corporal, especialmente en la espalda baja, cuello y piernas.

En ese contexto, los objetos suaves, acolchados o moldeables dejan de ser solamente una decisión estética. También pueden convertirse en una manera de devolverle algo de descanso al cuerpo dentro de la rutina cotidiana. Porque no todo en la casa necesita sostenerse erguido. A veces, los espacios que mejor acompañan la vida son aquellos que permiten hundirse, recostarse, cambiar de postura y bajar el ritmo.

Por eso, en Bazar ED Edit quisimos reunir objetos que invitan a vivir el hogar desde otro lugar: uno donde descansar no sea un lujo, sino parte natural de cómo queremos sentirnos dentro de casa.

Hay algo interesante en cómo muchos muebles contemporáneos empezaron a abandonar el ángulo recto justo en un momento donde la vida cotidiana se volvió cada vez más tensa y acelerada. Frente a interiores demasiado pulidos y cuerpos acostumbrados a mantenerse erguidos durante horas, comenzaron a aparecer objetos que parecen proponer exactamente lo contrario: superficies donde hundirse un poco, curvas que acompañan el movimiento y materiales que prefieren un cuerpo cómodo antes que una fotografía perfecta.

El sofá curvo Leonor de Rilasso funciona justamente desde esa lógica. Su respaldo redondeado y la textura bouclé hacen que el living se vea menos rígido y más acogedor. No tiene la frontalidad típica de muchos sofás minimalistas, sino una forma envolvente que invita a acomodarse sin demasiada ceremonia.


Foto: Archivo Rilasso

Otro caso es el sofá Ebba de Groba Design, donde los brazos anchos, el volumen acolchado y las curvas suaves hacen que el sofá se asemeje más a una superficie de descanso que a un objeto pensado únicamente para verse impecable.


Fotos: Archivo Groba Design

Los poufs probablemente son los objetos que mejor representan la idea de Blandito blandito porque no obligan al cuerpo a una sola postura. El Pouff Curvo de Edifika elimina la estructura rígida de una silla tradicional: no hay respaldo recto ni una única manera de sentarse.


Foto: Archivo Edifika

Algo similar ocurre con el Pouff Nuba Curvo de Nest at Home, cuya forma redondeada parece pensada para moverse fácilmente dentro de la casa y adaptarse mejor a distintos usos cotidianos.


Fotos: Archivo Nest at Home

Mientras que el Pouf Organic de Big Pig lleva esa idea todavía más lejos: su silueta irregular hace que parezca casi un cojín gigante más que un mueble tradicional, priorizando la comodidad antes que la estructura.

La rigidez también aparece en las líneas demasiado perfectas de muchos objetos cotidianos. Por eso varias mesas contemporáneas comenzaron a incorporar bordes orgánicos y formas menos simétricas. La Mesa Nalu de Home & Deco tiene una forma redondeada que suaviza inmediatamente el entorno. A diferencia de las mesas rectangulares más duras, donde cada lado delimita posiciones fijas, acá las curvas hacen que el comedor se sienta más fluido y menos estructurado.


Foto: Archivo Home & Deco

La Mesa Amberes de Japandi Studio trabaja desde algo parecido. La madera natural y las terminaciones suaves conservan cierta calidez material, alejándose de las superficies frías y perfectamente pulidas que dominaron muchos interiores modernos.


Fotos: Archivo Japandi Studio

Y tanto las Mesas Orgánicas de Amueblaya como la Mesa de Centro Zeta de Japandi Studio parecen rechazar directamente la geometría perfecta, incorporando curvas e irregularidades que hacen que el espacio se sienta menos rígido y más vivo.


Foto: Archivo Amueblaya

Fotos: Archivo Japandi Studio

Incluso la cocina —uno de los espacios históricamente más duros de la casa— comenzó a incorporar materiales y formas más amables con el cuerpo. El Mesón Nami de Japandi Studio mezcla madera, volumen y bordes suaves para alejarse de la estética clínica que dominó muchas cocinas contemporáneas. Más que una superficie puramente funcional, parece pensado como un lugar donde quedarse, apoyarse o compartir.


Foto: Archivo Japandi Studio

Y si gran parte del día ocurre sosteniendo tensión física, entonces el dormitorio aparece como uno de los pocos espacios donde el cuerpo realmente puede bajar la guardia. Ahí, los textiles y las superficies acolchadas dejan de sentirse puramente decorativos y empiezan a cumplir una función mucho más cotidiana. El Respaldo Tubular Premium de BK Design elimina la dureza típica de muchos respaldos rectos de madera o metal. La forma curva y acolchada hace que la cama se vea inmediatamente más contenida y menos fría visualmente.


Foto: Archivo BK Design

La Piecera acolchada de lino y algodón de Hohos introduce una capa extra de textura y volumen que rompe con la sensación plana del dormitorio minimalista. Mientras que la Banqueta Capitoné de Barra Design funciona como uno de esos objetos intermedios que no obligan a una sola función: sirve para sentarse, dejar ropa o simplemente hacer que el dormitorio se sienta más flexible y menos estructurado.


Foto: Archivo Hohos

Foto: Archivo Barra Design

Los pies también perciben ese cambio. Porque no es lo mismo caminar sobre una superficie dura que sobre una textura gruesa y blanda. La Alfombra de Lana Lynch de Chile Native trabaja con lana natural y tonos suaves que ayudan a bajar visualmente el ruido del espacio.


Foto: Archivo Chile Native

Mientras que la Alfombra Sagar de Tribus Rugs introduce una superficie mucho más táctil y envolvente, casi como una extensión blanda del suelo.


Fotos: Archivo Tribus Rugs

Finalmente, la suavidad también puede aparecer en pequeños gestos visuales. Las Lámparas Ciro de Nain Objects, además de sus formas curvas, producen una luz más cálida y contenida, lejos de la iluminación blanca y uniforme que suele volver los espacios más impersonales. Y el Espejo de Nain Objects elimina el borde recto perfecto para introducir una forma mucho más orgánica dentro de la casa. Un detalle pequeño, pero suficiente para que el espacio completo se sienta menos rígido.


Foto: Archivo Nain Objects

Fotos: Archivo Nain Objects
Foto: Archivo Nain Objects

Por eso, más que una tendencia estética, quizás esta vuelta hacia lo blando tiene que ver con una forma distinta de habitar los espacios: menos obsesionada con el control y más cercana al descanso, al cuerpo y a lo cotidiano. Porque, como escribe Blanca Arias, “lo blando rebosa, se desparrama, cede al peso, a la gravedad, pertenece al reino de lo cárnico, de lo vivo, de lo poroso, de lo horizontal”.

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