Foto Portada: Deepak Rastogi
Si se piensa en la imagen tradicional de un papá, probablemente aparece un hombre vestido con ropa funcional, colores neutros y pocos accesorios. Una figura que remite al siglo XX, especialmente al período posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando la masculinidad occidental comenzó a construirse en torno a la idea del proveedor: alguien que debía transmitir seriedad, estabilidad y eficiencia.
Sin embargo, basta con mirar un poco más atrás para descubrir que esa imagen es apenas un capítulo dentro de una historia mucho más larga.
En la Europa de los siglos XVII y XVIII, los hombres más poderosos del mundo vestían de formas que hoy muchos considerarían extravagantes. Un ejemplo es el rey Louis XIV, que convirtió la moda como una forma de demostrar poder, a través de pelucas, bordados, encajes, medias de seda y zapatos de taco rojo.
De hecho, diversos historiadores coinciden en que la asociación entre la sobriedad y el ‘ser respetable’ surgiría mucho más tarde. Cuando la ropa masculina comenzó a ser más funcional para el trabajo que ‘bonita’, cambiando pelucas y trajes de colores impactantes por uniformes discretos, pocos accesorios y escaso espacio para la experimentación.
Pero la historia nunca permanece inmóvil. Durante la década de 1960 ocurrió lo que historiadores de la moda llaman la Peacock Revolution o la "Revolución del Pavo Real", un movimiento que desafió décadas de uniformidad masculina a través de camisas estampadas, colores vibrantes, pañuelos, joyería y nuevas siluetas.
Décadas después, en los años 2000, el concepto de "metrosexual" volvería a instalar una idea que parecía olvidada: que los hombres podían interesarse por la moda, el diseño o el cuidado personal sin que ello definiera su identidad o pusiera en duda su masculinidad. Figuras como David Beckham o Cristiano Ronaldo ayudaron a popularizar esa transformación, que con el tiempo terminó ampliando las posibilidades sobre cómo podía verse un hombre adulto.
Ese proceso también alcanzó la forma de entender la paternidad. Los papás de ahora parecen menos interesados en responder a un único modelo y más abiertos a construir una identidad propia, combinando tradición, comodidad, diseño y gustos personales.
Y quizás esa libertad se vuelve más evidente cuando se observan los objetos que están eligiendo hoy. Algunas piezas recuperan referencias del pasado, otras reflejan transformaciones en la manera de vestir y otras responden a formas de vida que simplemente no existían para generaciones anteriores.
Es el caso del jockey de Donde Golpea El Monito, inspirado en la estética de la popular serie Peaky Blinders. Aunque hoy pueda parecer un accesorio contemporáneo, su origen se encuentra en las gorras utilizadas por trabajadores británicos de comienzos del siglo XX. La diferencia es que ahora aparece reinterpretado en lino, un material más ligero y versátil. Es una pieza que demuestra cómo ciertos códigos del vestir masculino pueden mantenerse vigentes sin quedar atrapados en la nostalgia.

Algo similar ocurre con la ropa formal. Durante buena parte del siglo XX, vestir de manera elegante era una expectativa social para muchos hombres. Hoy esa obligación prácticamente ha desaparecido, pero algunos elementos permanecen porque siguen ofreciendo una forma particular de marcar ciertas ocasiones. El corbatín negro de Lucía Corbatas pertenece a esa categoría de elementos que han sobrevivido a los cambios culturales porque ya no responden a una norma, sino a una elección.

La apertura hacia formas más diversas de vestir también alcanzó a los accesorios. Durante buena parte del siglo XX, muchos hombres redujeron progresivamente el uso de joyas y adornos a objetos muy específicos, como relojes, argollas o gemelos. Hoy ese panorama es bastante más amplio. Los accesorios de Pig & Hen reflejan ese cambio a través de una propuesta que combina diseño contemporáneo, materiales resistentes y referencias al mundo náutico. Pensadas para acompañar el uso cotidiano, muestran cómo los accesorios masculinos han dejado de entenderse únicamente como símbolos de estatus para transformarse en una forma más de expresar personalidad y estilo propio.

Otro cambio puede verse en los zapatos. Y es que hace no mucho tiempo el vestuario masculino estuvo dominado por modelos asociados al trabajo, la formalidad o ciertos códigos sociales muy definidos. Sin embargo, incluso piezas tan clásicas como los mocasines han ampliado sus posibilidades, incorporando nuevos materiales, colores y usos cotidianos. En ese sentido, los mocasines verdes de Cresta reflejan bien esa transformación, ya que conservan la silueta tradicional pero la reinterpretan mediante un color más novedoso y una confección en cuero gamuzado que aporta textura y personalidad.

Esta transformación también se observa en la movilidad. Mientras que el padre tradicional estaba asociado a una rutina mucho más estable, hoy la vida suele transcurrir entre múltiples espacios: oficina, hogar, viajes, actividades familiares o escapadas de fin de semana. El banano de Trauko responde a esa realidad mediante materiales durables y una organización pensada para acompañar esos desplazamientos constantes.

Y si existe una característica que atraviesa buena parte de esta historia es el valor que las personas siguen otorgando a los objetos capaces de acompañarlas durante años. El cinturón Diablo de Club Particular fue pensado precisamente para eso. Confeccionado para acumular marcas y variaciones que terminan contando la historia de quien lo utiliza; además, ¡incluye un abrebotellas en la hebilla!

Quizás esa sea una de las principales diferencias entre los papás de hoy y los de antes. Ya no existe una única manera de vestir, de coleccionar objetos o de habitar la vida cotidiana. Por lo mismo, el mejor regalo para este Día del Padre probablemente no sea aquel que encaja con una idea tradicional de ese rol, sino el que logra conectar con sus intereses, sus hábitos y la forma particular en que cada uno ha decidido construir su propia identidad.
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