Fotos: Jo Del Brillar, Alberto Vitelio, Archivo Sagara, Tsanda, M Agustina Weyland
Actualmente son pocos los objetos que conservan la misma calidad que en décadas pasadas. Sweaters, pantalones, ropa interior y carteras —incluso las de diseñador— han comenzado a evidenciar una disminución en sus materiales y técnicas de confección, aun cuando sus precios continúan en alza. Sin embargo, hay algo que parece mantenerse intacto, replicando técnicas que datan de miles de años y cuyo valor no disminuye con el tiempo ni con el uso: las joyas.
El origen
Las primeras piezas de joyería de las que se tiene registro tienen más de 100.000 años y fueron encontradas en lugares como la Cueva de Blombos, en Sudáfrica. Hechas de conchas, huesos y piedras, estas cuentas perforadas no solo adornaban, sino que también comunicaban pertenencia e identidad.
Ya en el Antiguo Egipto, los materiales y técnicas se vuelven más sofisticados, cargándose además de simbolismo espiritual. El oro domina collares, pulseras y amuletos, al ser considerado la carne de los dioses, adornando principalmente a la realeza. En Mesopotamia y la Antigua Grecia, la joyería incorpora nuevas técnicas de grabado y el uso de piedras preciosas traídas desde territorios lejanos, ampliando su valor estético y cultural.
Durante la Edad Media en Europa, las joyas estuvieron fuertemente ligadas a lo religioso: cruces, relicarios y anillos eran piezas clave en la relación entre política y espiritualidad, restringidas a ciertos grupos. En el Renacimiento, en cambio, la joyería se consolida como una expresión de poder económico y social. Más tarde, la Revolución Industrial marca un punto de inflexión, permitiendo su masificación gracias a la producción en serie.
La evolución de las joyas en Chile
En Chile, la historia de la joyería también tiene raíces profundas. Antes de la llegada de los españoles, el Imperio Inca desarrolló en el norte un trabajo destacado en cobre, plata, oro y turquesa. Por su parte, el pueblo Mapuche creó una orfebrería única en plata, con piezas como el trapelacucha, los chaway (aros) o los trarilonco (cintillos), que funcionaban como símbolos de estatus, espiritualidad y pertenencia.
Con la colonización, las técnicas europeas se mezclan con las americanas, dando origen a un lenguaje híbrido donde conviven las temáticas religiosas con los saberes indígenas. La plata se convierte en el material predominante, impulsada por la circulación de monedas durante el periodo colonial.
Durante el siglo XIX, la joyería se consolida como un diferenciador de clase, especialmente en las élites que adoptan estilos europeos —principalmente franceses—, mientras la joyería mapuche queda relegada. Sin embargo, en el siglo XX esta tradición vive un nuevo impulso, especialmente entre generaciones más jóvenes que comienzan a valorar su riqueza cultural y su calidad artesanal.
Así llegamos a la actualidad, donde la joyería chilena vive un momento especialmente interesante. Su diseño logra equilibrar tradición y experimentación, siendo utilizada por personas de distintas edades, géneros y estilos. Una oportunidad para descubrir marcas que hoy están definiendo la escena local y que comienzan a proyectarse también a nivel internacional.
La primera es Sofía Rocha Jewels, marca que destaca por su estilo de ensueño y nostalgia, y que ya ha sido utilizada por celebridades como Kourtney Kardashian, Olivia Rodrigo y Maria de The Marias. Confeccionadas en plata y piedras preciosas, las joyas de Sofía Rocha son resultado de la técnica ancestral de cera perdida, la cual modela, derrite y busca ‘la forma y el símbolo’ de su imaginario, creando piezas que se sienten etéreas, frágiles y misteriosas a la vez.
Otra marca que combina el uso de materiales nobles con piedras naturales es Sagara. Fundada por la orfebre Magdalena Aboitiz, esta firma busca que cada pieza acompañe procesos personales, siendo diseñadas y creadas a mano para asegurar su carácter único. Sagara cuenta además con diferentes líneas inspiradas en la gemoterapia, técnica medicinal alternativa que utiliza las piedras naturales para promover la sanación física y mental.
Desde Santiago de Chile, MORO Joyas. Diseñadas por Josefina Moro, cada pieza está pensada para convertirse en amuletos de uso diario. Algo que no es difícil considerando su estilo moderno, orgánico y atemporal. Su confección incluye plata y piedras, además ha desarrollado un modelo de negocio basado en colaboración con talleres y artistas locales.
Pero si lo tuyo es la joyería donde se nota el carácter propio de los materiales, Panguita Orfebrería puede ser una gran opción. Luego de años dedicada a ser asistente social, Pamela Anguita decidió explorar el mundo de los accesorios con una marca inspirada en la atemporalidad, la naturaleza y el paisaje de la región de la Araucanía.
Finalmente, Cétria Studio apuesta por la exclusividad y el diseño como objeto de colección. Con un estilo asimétrico y orgánico, la marca produce un máximo de ocho piezas por modelo, disponibles en plata, oro o platino, convirtiendo cada lanzamiento en una oportunidad única.
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